El lado serio del humor gráfico chileno

2013 fue un año muy productivo para los ilustradores chilenos de caricaturas de humor, ese género gráfico tan valorado en diarios, cómics y revistas. Alberto Montt presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, por sus grandes dimensiones sin duda la más importante de México e Hispánoamérica, su libro En dosis diarias. Y Guillermo Galindo, más conocido por su nombre de batalla: Malaimagen, lanzó su exitoso libro Sin Tolerancia, publicación que reúne sus populares cómics del programa de talking político Tolerancia Cero que se transmite por la señal de Chilevisión.
Ambos son caricaturistas que además de un trazo preciso y una inspiración prolífica e instantánea, demuestran que los dibujos contienen argumentos razonados, conceptos, ideas visuales que, a su vez, tienen el poder para persuadir la opinión más radical de los lectores mientras los hacen reír. Una tarea colorida que, si se piensa con detenimiento, es admirable y asombrosa al mismo tiempo.
Alberto Montt, un fuerte candidato para el Altazor 2014 en la categoría de Diseño Gráfico e Ilustración, desde el año 2007 incursiona en el género de humor con su blog En dosis diarias, en el que publica diariamente, al calor de los sinuosos acontecimientos que nutren los medios informativos, una graciosa viñeta relacionada —en ocasiones—­, con nuestro acontecer político o las situaciones más coloquiales pero de interés común.
Guillermo Galindo lleva cinco libros publicados y desde el año 2010 trabaja para el diario The Clinic, también de humor y sátira política. Su fijación por el programa político de Chilevisión comenzó el año 2011 y, según reconoció en una entrevista (justamente para The Clinic), fue pura casualidad.
 La idea inicial, según el autor, era publicar los dibujos por situaciones, pero se le ocurrió hacerlo historieta y de esa forma funcionó y se convirtió en un éxito. “Fue una obsesión bien disciplinada. Todos los domingos me quedaba dibujando hasta las 4 de la mañana. Quería superarme cada semana. Eso es lo que traté de hacer durante al menos dos años”, dice en aquella entrevista.
 Bautismo
Recientemente hemos visto reportajes sobre la extravagancia de ciertos nombres o de la inspiración de los padres para bautizar a sus hijos. Las nuevas tecnologías, los personajes de ficción y el de los culebrones o las series televisivas (Isabella o Edward por estos días están a la alza luego de Twilight, aunque no tanto como el de Skyler y el de Jesse, después del final de la saga Breaking Bad) son algunas de esas fuentes de donde surgen nombramientos más o menos afortunados.
En el caso de Guillermo Galindo, su nombre de batalla vendría con la intención de abrir su blog. Después de varios intentos frustrados por colocar uno de su agrado pero ya existentes, el cursor de ayuda le hizo una sugerencia que llamó su atención por completo. Y no precisamente por lo deslumbrante que pudiera sonar o por el abolengo de su significado, sino acaso por lo improbable que le pareció: Malaimagen.
 “Me gustó porque, además, era súper coherente con lo que yo estaba haciendo: Dibujos súper simples, sin ninguna pretensión, no tenía gran técnica. Si ves lo que hacía en 2007, eran como unos garabatos que a mí me gustaba hacer. Dije que iba a empezar a probar a ver qué salí y después fui haciendo viñetas de humor gráfico y se convirtió en lo que es ahora. Al principio no eran chistes, eran dibujos cualesquiera”, expresó el autor en entrevista para Los Eternautas.
 Estilos y contenidos
 Los personajes recreados por Malaimagen, tanto celebridades, políticos o sujetos de la cotidianeidad chilensi, tienen una distinción que permite identificar su firma sin necesidad de una pesquisa detectivesca: ojos de esfera, tan saltones como los de Los Simpson, narices prominentes y expresiones faciales que solo Kramer sería capaz de imitar.
Ello marca una amplia diferencia, por ejemplo, de Alberto Montt, cuyas viñetas son más complejas gráficamente y casi siempre requieren más de una lectura para entender la pretensión hipertextual del mensaje; por decirlo de algún modo, el lector necesita mantenerse al día con los acontecimientos noticiosos y de preferencia debe poseer una amplia y variada cultura general para sumergirse en los posibles significados e interpretaciones que encierran sus obras.
Sin embargo, para los que logran descifrar y relacionar el subtexto, descubren algo que les proporciona algo más allá del entretenimiento; de hecho, se encuentran con un mural que incluye una suerte de análisis críticos y sarcásticos de la vida en general.
Malaimagen, por otro lado, es más transversal. Sus caricaturas políticas tienen un marcado sentido social. Suele lanzar la acidez de sus dardos a los Carabineros, a los funcionarios de gobierno o a los no tan distinguidos protagonistas de los partidos políticos, con la misma sátira que los tiraba al presidente Sebastián Piñera, a Michel Bachelet y otros políticos de renombre.
En el ámbito de las caricaturas de Montt, la política y el carácter social de sus trazos están separados, a pesar de la creencia popular de que todo problema social es de necesariamente carácter político. Otra singularidad que se encuentran en las ilustraciones de Montt es la pugna entre el bien y el mal representados por Dios y por el Diablo, personajes protagónicos que reaparecen de forma esporádica en su blog y de manera constante en sus libros. Esta batalla tan simbólica como el Ying y el Yang, tiene lugar en todo nivel: de gobierno, de movimientos sociales y de la vida cotidiana.
 Por su parte, Malaimagen proporciona algo más que entretenimiento, aprovechando los pasos en falso que pudieron haber cometido los políticos y que nunca son escasos.
Al unir el texto con el dibujo invita a una mayor participación del lector. Ofrece un patrón que se aprovecha en su totalidad, incluso más que el discurso, ya que genera la pauta para seguirlo a un paso y luego al otro. Su mensaje puede tener mejor recibimiento y penetración que el mensaje de una editorial, por ejemplo, o que el contenido de una columna de opinión especializada; porque la caricatura traspasa los filtros que se impone el lector con su propio punto de vista sobre un tema y que, a su vez, intenta protegerse de aquellas ideas que pueden ser contrarias a su criterio. El humor permea y se riega como el agua, incluso en las paredes más sólidas. Dicho de otra manera, el humor es muy penetrante e influyente; sobre todo el gráfico.
 Válvula de escape
 Hernán Vidal, o Hervi como es masivamente conocido, escribió en la introducción del libro Historia de humor gráfico en Chile (Editorial Milenio) de Jorge Montealegre que “El humor gráfico, es decir el humor transformado en medio de expresión y comunicación, es un buen antídoto contra tales ejemplares (los males de los gobernantes, la desesperación, el hastío, el dolor) en la mirada de los perdedores, los aplastados, los irritados, los que, a falta de otra cosa más contundente, echan mano a eso que tienen en abundancia: la risa, la sonrisa, el divertimento interior”.
 A través de la sátira, la ironía, el sarcasmo, y las múltiples tonalidades de estas herramientas,  el lector, en tanto que se trata de un ciudadano inmerso en su ámbito político y social, se desahoga. Ajusta cuentas. Encuentra y dicta cierta justicia. Y al mismo tiempo, este tipo de ejercicios se transforman en una especie de válvula de escape, que mantiene a raya los gestos de posible inconformidad con el entorno, con la vida pública del país.
“La evolución de nuestra gráfica humorística, expresión que no siempre es tomada en serio, se nutre de la tragicomedia cotidiana. Especialmente de aquella historia diaria que hace evidente la relación entre el humor gráfico y la prensa, al ser las tiras cómicas, el chiste gráfico y las ilustraciones humorísticas parte de esta última. El reconocimiento de esta pertenencia es ineludible, ya que es en la viñeta editorial de cada día donde mejor se combinan el humor gráfico con la información y la opinión”, escribe Jorge Montealegre en su Historia del humor gráfico en Chile (Editorial Milenio).
 La historia de la ilustración chilena ha tenido una tremenda presencia pública, desde sus inicios en el ocaso de la era colonial, cuando los ahora conocidos como padres de la patria comenzaron a esparcir sus ideas independentistas, y los dibujos humorísticos, caricaturas, panfletos, volantes y viñetas, que eran lanzadas esporádicamente, ayudaron en cierta forma a reclutar adeptos a su causa.
En ese entonces, algunos pioneros de la caricatura podrían clasificarse como amateurs o practicantes ocasionales. Sin embargo, la profesionalización de esos ejercicios llegó oficialmente a Chile el 26 de junio del año 1858, de la mano de Prospecto, que anunciaba la aparición de El Correo Literario, primer periódico que incluyó caricaturas en nuestro país como política editorial.
No era un medio deslumbrante ni mucho menos, pero fue un punto de partida importante. Se trataba de un pasquín de doce páginas literarias cuyas cuatro hojas centrales estaban repletas de ilustraciones humorísticas.
“Es una realidad en Chile y aun en la América del Sur el periódico que con el título arriba nos proponemos a publicar, pues no sabemos que hasta ahora haya aparecido en ningún pueblo del Pacífico una publicación periódica ilustrada”, lo anunciaba en aquella época el Prospecto, para atraer reflectores a un nuevo género que habría de arraigar casi de inmediato.
El primer número de El Correo Literario apareció el 18 de julio de 1858 y haciendo realidad la proclamación antes descrita, publicó una caricatura firmada por las iniciales de Antonio Smith en la cual el ministro Antonio Varas, cual Paul Walker en Rápidos y furiosos,manejaba a toda velocidad el coche presidencial de Manuel Montt, sin importarle en lo más mínimo los destrozos que iba dejando a su paso; mientras tanto, el presidente se mostraba impasible y casi indiferente ante todos los atropellos de Montt.
De esa manera, el Periódico político, industrial i de costumbres le dio la bienvenida a los tiempos de la república autoritaria de Montt y del ministro Varas. La caricatura política sería importante para reflejar aspectos de esa administración y se convertiría en un referente para las gestiones públicas futuras.
El correo Literario, junto a su primer caricaturista: Antonio Smith, dieron inicio así al primer diario que frecuentemente provocaba severos dolores de cabeza a las instituciones políticas y a sus protagonistas, con su humor satírico que no le temía a los colores y siempre disponía agudas incisiones a quienes se ponían a modo, con gran repercusión entre los lectores.
Al mismo tiempo, estos trabajos iban de la mano del contexto social chileno, de sus rituales morales y religiosos, y de sus aspectos más susceptibles de crítica, como podría serlo un matrimonio por conveniencia pero celebrado bajo las más estrictas leyes del cielo y de la Tierra, eso sí. De tal forma, esas caricaturas aparentemente trazadas solo por la búsqueda del humor, se transformaban en auténticos murales con las claves y etapas cruciales de la idiosincrasia nacional.
Identidad humorística
Como puede deducirse, el humor gráfico chileno ha pasado por distinta etapas desde entonces, incluidas algunas francamente complicadas en cuestiones de libertad de prensa y expresión, como las que acompañaron el régimen Pinochetista, pues como suele ocurrir con los dictadores, el control editorial y la censura a la crítica se vuelven apetecibles estrategias con fines propagandísticos.
En esos años no era exagerado saber de excesos, como la encarcelación del guionista de humor gráfico Jorge Montealegre, y actos simbólicos que llegaron al quiebre de lápices de dibujo, herramienta en ese sentido expresiva y libertaria. Aunque la paradoja llegó cuando el régimen pinochetista quedó en el pasado, pues con la llegada de la democracia, los numerosos medios de izquierda que luchaban contra el totalitarismo, se quedaron sin adversario al cual dirigir sus ideales hechos prensa e historietas.
Ese fue un factor determinante para que muchos medios pequeños o independientes desaparecieran a la par de su enemigo y no pudieran sobrevivir como sí lo hicieron los grandes conglomerados de la comunicación, que de hecho se fortalecieron como es típico en la globalidad actual en la que los grandes consorcios crecen y se diversifican a la prensa escrita, radio, televisión e internet.
Nadie podría negar que los países latinoamericanos, acaso por su pasado de conquista y colonial, así como su gran proliferación de dictadores y luchas políticas, gustan del drama y la tragedia, como lo demuestra buena parte del catálogo cinematográfico y literario por mencionar algunas artes específicas, o los altos ratings de los culebrones producidos en nuestro continente.
Las lágrimas, los dramones románticos, caseros o sociales, así como el sufrimiento como atractivo generador de morbo en la pantalla, son altamente valorados también en Chile. Sin embargo, el nuestro es un país en esencia tallero. Divertido, que explota con peculiar fuerza el ridículo, los defectos físicos, los condoros, los metidas de pata y otros motivos que se vuelven una fecunda sustancia humorística para los medios tradicionales y, hoy en día, las redes sociales.
Por lo tanto, no se requiere de mucha imaginación para unir los cabos. Chile, como buena parte de los países latinoamericanos, ha sido terreno fértil para la proliferación de caricaturistas destacados que con su trabajo humorístico nos plasman, nos distorsionan como esos espejos de las ferias, para hacernos alargados, narigudos, gordos, deformes, en cuyos reflejos terminamos reconociendo nuestros propios trazos. Así lo han entendido Alberto Montt y Malaimagen, quienes no solo han conquistado el aplauso y el reconocimiento de los lectores, de los colegas y de la crítica… Han hecho algo más complejo. Si es cierto, como lo asegura el viejo dicho, que es más fácil hacer llorar, que hacer reír, Montt y Malaimagen seguirán teniendo una pega difícil, pero ojalá continúen matándonos de risa.

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5 comments

  1. Filete mignón el texto de Paulina Arancibia.
    Con humor, la vida es más sabrosa, definitivo.
    Montt y Malaimagen son dignos
    representantes de nuestro humor,
    que van desde el Coquito Legrand hasta la internacional La colonia, con esa divertida Juana.
    Felicitaciones a todo el equipo de NerdNews.
    Aprovecho para dejarles los mejores
    deseos para 2014. ¿Van a comentar los People’ Choice Awards de ayer-noche? Se vienen los Oscar y de alguna forma los premiados de ayer marcan cierta tendencia.

  2. Muy gustó el artículo! Y que buenos representantes hay en Chile, todos necesitamos un poco de humor al final del día.
    Felicitaciones Paulina.

  3. Tiene cosas buenas el artículo, como reconocer a Malaimagen en el contexto actual, pero falta profundidad y conocimiento en algunas aseveraciones, como por ejemplo decir que la desaparición de los medios antidictadura fue por el término de ésta:”con la llegada de la democracia, los numerosos medios de izquierda que luchaban contra el totalitarismo, se quedaron sin adversario al cual dirigir sus ideales hechos prensa e historietas. Ese fue un factor determinante para que muchos medios pequeños o independientes desaparecieran a la par de su enemigo y no pudieran sobrevivir como sí lo hicieron los grandes conglomerados de la comunicación”… Al menos no fue factor determinante.

  4. No es casual que nuestros hermanos Mexicanos brinden palestra al arte Chileno, también lo han hecho con la poesía de varios de nuestros compatriotas bien por este soporte a nuestros artistas.
    El comic, historieta, humor gráfico o como quieran denominarlo es un género que -una vez más- es poco reconocido en nuestro país y a su vez, también es eclipsado por uno que otro autor pasajero o asegurado de géneros más comerciales. Gracias a este artículo, podemos tener y crear conciencia de que este género tiene registros desde el periódico el correo literario en el cual las ilustraciones de Antonio Smith adornan el panorama político de fines del 1800.
    El comic político y las historietas realistas, siempre han bebido de las vertientes más “underground” e intelectuales en cualquier tipo de sociedad de donde provengan. Esta forma de manufacturación es casi una necesidad pues, estos dibujos siempre estarán hechos con la tinta más ácida posible, irritando las diversas castas políticas y sociales de un periodo determinado.
    Complementando con el artículo de Paulina, hago mención a la revista de final de los ochentas “topaze” y al censurado comic “el trauko” cuyos contenidos políticos contribuyeron a fortalecer un género mutilado por mentes cerradas.
    Excelente Artículo Paulina… alegría por malaimagen
    Matto.

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