En defensa de la ciencia ficción chilena

El de ciencia ficción es un concepto que suele significar todo para el Nerd consumado, e incluso tiene un amplio sentido entre el público ocasional de este subgénero. Y no solo porque se tengan presentes los títulos y contenidos de un extenso catálogo literario, cinéfilo o televisivo, sino porque ha logrado lo que para todo aficionado a la ficción constituye uno de los mayores deleites: la creación de un mundo alternativo al que vivimos, habitado por personajes que no quieren ni podrían ocultar su identidad particular, aun cuando puedan ser, más bien, recreaciones del mismo ser humano pero en situaciones extremas, raras, únicas.
Y es que, al margen de las críticas y clasificaciones que a veces lo toman como un apartado del pop —casi siempre sin mayores fundamentos teóricos—, la ciencia ficción ha logrado ingresar por méritos propios dentro de los rígidos cánones de la literatura universal, entre ella la chilena, ya que su enorme potencial narrativo ha visto nacer obras de gran estructura, cuidadoso desarrollo y congruencia de algunas historias, hasta convertirse en muestrario con una entidad estética inconfundible, cuya esencia trata de explorar lo inexplorado, de aventurarse en lo imaginable, como una forma de llegar a entender el mundo de manera nueva, distinta.
Inception
La ciencia ficción nació del respeto y, por qué no decirlo, del temor hacia esas maravillas tecnológicas creadas por la necesidad tan humana de ampliar continuamente las fronteras del conocimiento en una era en que los Estados Unidos era pionero en temas de investigación científica.
Según H. Bruce Franklin, historiador y autor de La Guerra de las Galaxias: La superarma de la imaginación americana, la ciencia ficción se debe referir como un acontecimiento histórico, y aunque tiene antecedentes que se remontan al menos dos mil años, como literatura es un fenómeno nuevo.
El concepto es una expresión que tiene su origen en el entorno tecnológico y científico, cuando las sociedades fueron transformadas por la revolución industrial. En efecto, ese nuevo ambiente industrializado creó no solo el germen potencial de la ciencia ficción, sino también sus propios medios de propagarla físicamente en sus diversas formas culturales, incluso antes de que se proyectara como imágenes en las pantallas de cine y televisión.
Definir un género tan amplio y complejo como la ciencia ficción no es fácil, aunque quizás una primera prueba de fuego para lograrlo está en distinguirla de su gemela: la fantasía.
Por un lado, podría mencionarse que la fantasía es el reino de lo imposible y en él se encuentran todas las formas de ficción que pretenden o no representar lo real, ya sea en pasado, presente o futuro.
En cambio, el dominio de la ciencia ficción está en “lo posible”, por muy remoto que parezca. Su rango territorial va desde el conocimiento presente o pasado, hasta rondar los límites de todos los potenciales universos que la imaginación humana puede proyectar, en cualquier línea de tiempo alternativo.
“Por lo tanto, la ciencia ficción es la única literatura capaz de explorar la macro historia de nuestra especie e incluso nuestra vida cotidiana, en un contexto cósmico”, escribe H. Bruce Franklin. Y no importa que tan lejos en el futuro se desarrolle la historia, la literatura de ciencia ficción siempre lleva implícita una crítica de la época en que se produjo.
¿Francesa?
Después de la Segunda Guerra Mundial, la ciencia ficción comenzó a difundirse en Europa como un producto “made in USA”. Tan fue así “que uno de sus principales promotores fue la Coca-Cola”, escribe el columnista Héctor Soriano Letelier en la revista Occidente, en 1973.
De entre los países europeos, fue Francia el que más ha contribuido a la difusión de la literatura de ciencia ficción y eso quizás se deba a que defendió la idea de que dicho género nació con The Other World: Comical History of the States and Empires of the Moon obra escrita por Cyrano de Bergerac y, por supuesto, por lanzar al mundo el ícono ciencioficcionista que puede representar Julio Verne.
Hard SF y distopías
Sin embargo, para otros especialistas la primera obra de ciencia ficción que podría aludirse como tal se remonta a 1818, año en que fue publicada Frankenstein o El moderno Prometeo de Mary Shelley, dando origen a lo que el escritor inglés, Brian Aldiss ha marcado tan acertadamente como “el primer gran mito de la era industrial” y progenitor de la ciencia ficción moderna.
Pero no fue sino hasta 1925, cuando Hugo Gernsback funda Amazing Stories, la primera revista dedicada a historias que particularmente podían entrar en la clasificación, que el género de la ciencia ficción toma nombre formalmente.
Más tarde, John W. Campbell editor de Astounding Stories, descubrió a los escritores modernos de la ciencia ficción dura, que hoy en día tienen un afamado cártel en la historia del género.
Las novelas de ciencia-ficción moderna incorporan una amplia gama de tecnologías y temas, incluyendo libros Hard SF (terminología norteamericana para denominar cientificismo tecnológico), sociedades distópicas y especulación salvaje sobre la tecnología del futuro.
Algunos de los más prolíficos y canónicos autores de esta etapa son Isaac Asimov, Robert A. Heinlein, Ray Bradbury, George Orwell o Ursula K. Le Guin, quienes publicaron populares novelas de ciencia ficción como Fahrenheint 451, 1984 o Los desposeídos.
Teoría
Durante este periodo, los críticos comenzaron a preguntarse cómo abordar teóricamente el género.
Una escuela optaba por la idea de que la ciencia ficción debería ser un análisis detallado de la tecnología científica; Gernsback, por ejemplo, quería para su revista “Amazing Stories”, historias centradas en el potencial inherente del progreso tecnológico; en cambio, John W. Campbell, a pesar de ser de la misma línea de pensamiento, quería que las obras publicadas en su revista fueran de ciencia ficción dura.
Sin embargo, existieron quienes creían que la ciencia y la tecnología servían solo como un mecanismo de narración, sin detenerse en la propia tecnología científica.
Esta escuela dio lugar a los géneros conocidos como Hero Pulp y Monster stories, que más tarde se incorporaron al clásico de ciencia ficción. Ambas escuelas son igualmente válidas y ambos constituyen en última instancia las novelas de ciencia ficción.
Chaqueteo chilensis
En Chile, en cambio, el debate sobre si las novelas de ciencia ficción deberían o no estar centradas en la ciencia no es importante.
De hecho, la ciencia ficción en Chile ni siquiera es reconocida formalmente como un género narrativo. Existe tal menosprecio que allegarse libros de ciencia ficción no confiere ante los demás ninguna distinción intelectual y ni siquiera se toma rareza lectora. En realidad, ocurre lo contrario, y suele ser que el lector de ciencia ficción sea visto en menos dentro del ámbito literario y él mismo se sienta victima de una especie de placer culpable.
Un pecado que, para fortuna e infortunio al mismo tiempo, resulta amplio y reiterado, si se considera la generosa bibliografía de ciencia ficción que, estudiosos en el tema, han compilado desde el año 1984 a la fecha. Ese menosprecio por los escritores de ciencia ficción y sus obras no es nuevo y aunque puede entenderse por diversos motivos casi siempre resulta errado. En muchos casos producto de la desinformación, de un juicio injusto o de una actitud francamente posera.
Porque si bien entre los frutos de los escritores chilenos en este género pueden dirigirse críticas a la estructura, al desarrollo argumental o a la concepción inverosímil de algunos personajes, todo juicio debería partir justamente del conocimiento y el análisis, no de los prejuicios o de las descalificaciones gratuitas. Pero la ciencia ficción chilena y sus autores, en buena medida el género fantástico que no se ajusta al realismo mágico, en ocasiones, no cuentan con ese beneficio.
Eso, sin considerar que escritores como Ernesto Silva de Roman, autor de El dueño de los astros (1929), Alberto Edwards, autor de los Relatos fantásticos compilados por Manuel Rojas en 1951, Vicente Huidobro, autor de La próxima (historia de guerra futura) han ideado todo un mundo, con geografías imaginarias y un batallón de personajes queribles o repulsivos, dentro de obras notables, destacadas, que merecen al menos la oportunidad del lector.
Género vilipendiado
“Esta discusión, hoy por hoy, resulta maniquea e inútil, al seguir rechazando a los cómics como formas literarias y visuales a la vez”, explica Marcelo Novia, Dr. en Literatura y autor de la antología Años luz, mapa estelar de la ciencia ficción en Chile (Puerto Escape). “Primero, debemos decir con todas sus letras que existe una conspiración (secreta, paranoica e inexistente como todas) en las letras nacionales para huir/negar todo lo que suene a fantasioso, mágico o derechamente no-real. Así, la literatura fantástica (donde conviven incestuosamente fantasía, ciencia ficción y terror) fue expurgada de la academia, las bellas artes y el gusto de los lectores desde hace mucho.
Carlos Tromben, también periodista y escritor, encasillado igual en un género vilipendiado como es la novela negra, concuerda con Novoa, argumentando que la academia es reacia en considerar la ciencia ficción como un género serio. Pero es un vicio anacrónico, que viene desde el siglo antes pasado, cuando solo las bellas artes y la alta cultura eran validas en los círculos intelectuales.
“En Chile, en relación con este tipo de literatura, existe un hecho concreto”, escribe Fernando Sanchez Duran, en su Narrativa chilena ultrarrealista, “el lector está educado, en general en la línea realista. Los críticos no prestan la atención debida a las obras ultrarrealistas (termino que Sánchez inventó deliberadamente para referirse a la ciencia ficción chilena), considerándolas en muchos aspectos como expresión de subliteratura. Si se considera que el público chileno lee lo ‘recomendado’ por los críticos o los bestsellers, es comprensible la escasa difusión que tienen estos textos”.
Según Marcelo Novoa, en 1938, cuando Educación, Política e Ideología convergieron en el progresista Frente de Acción Popular, “la literatura que salió bendecida de aquella toma de conciencia e identidad fue la naturalista, anclada al campo chileno, y solo cierto realismo social a ultranza, asociado con medios productivos como la minería, la pesquería”. Autores como Manuel Rojas, que había publicado La ciudad de los césares (1936), que continuaba el camino visionario de Hugo Silva y su Pacha Pulai (1935), debió dedicarse a cuentos más realistas para ser reconocido.
Hugo Correa, uno de los escritores de ciencia ficción más famosos de Chile, aunque eso le duela a ciertas sensibilidades literarias que lo refieren despectivamente como efectista, en una de sus últimas entrevistas a Marcelo Novoa reconoció que la crítica de su novela Los altísimos había sido buena “porque fue nula. Alone la despreció olímpicamente y otros críticos la atacaron sin piedad, porque no le encontraban ningún mérito, porque la ciencia ficción, entonces, era la hija menor de lo fantástico. Lo raro era que los cómics sí eran aceptados, pero no así la literatura, qué curioso”.
Para Novoa, con la aparición de Hugo Correa y sus libros fundamentales para la ciencia ficción chilena: la antes mencionada “Los altísimos” (1959), Alguien que mora en el viento (1959) y El que merodea en la lluvia (1961), seguido de dos plumas notables y excéntricas: Elena Aldunate con El señor de las mariposas (1963) y Antonio Montero con Acá del tiempo (1968), “debiera haberse dilucidado el problema. Sí existen autores de calidad, con gran estilo, con temáticas humanistas y aportes identitarios al género (como bien lo reconocieron Bradbury y E. Van Vogt, capitanes de la ciencia ficción gringa) pero, la academia y ahora los mismos escritores se encargaban de separar aguas entre lo establecido como literario propiamente tal y las demás formas de escritura (de géneros populares o formatos experimentales)”.
“La mayoría me aceptaba de buena fe, pero sin mucho entusiasmo”, reconocío Hugo Correa a Novoa; “en general, cada vez que participaba en un encuentro de escritores, existían personas que se veían en la necesidad de demostrar que la literatura de ciencia ficción no era literatura, que no tenía ninguna seriedad. Eso duró hasta que apareció mi siguiente libro y se tuvieron que conformar, hasta hoy…”.
La mente creativa de Hugo Correa puede valorarse desde diversos ángulos. El principal debe partir de la publicación de más de ocho novelas del género, relatos publicados en diarios y revistas especializadas, más las traducciones de sus relatos al inglés, lo que pauta a los actuales autores de ciencia ficción.
Al margen de las valoraciones literarias, o del mayor o menor éxito, el catálogo actual de bibliografía de ciencia ficción chilena hace pensar en una limitada cumbre de autores.
Sin embargo, la realidad es que la ciencia-ficción nacional existe y en gran cantidad. Según Omar Vega, autor de En la luna: bosquejo de la ciencia ficción chilena, se han detectado no menos de cien obras del género: “Es más, existe la sospecha fundada de que gran parte del material chileno de ciencia-ficción todavía no ha sido descubierto, encontrándose a la espera de los investigadores que la rescaten del olvido”.
Y esa es la tarea que se han impuesto personas como Marcelo Novoa, quien expresó para NerdNews que su labor ha sido y será desenterrar esta “corriente sumergida que fluye ininterrumpidamente desde el siglo XIX, para fecundar una tradición no-realista, aún desconocida entre nuestros autores-lectores-periodistas-académicos. Si se fijan, tras las obras claves de la novela chilena, como Alsino de Pedro Prado; Umbral de Juan Emar; La última niebla de María Luisa Bombal; Patas de Perro de Carlos Droguett; El obsceno pájaro de la noche de José Donoso y 2666 de Roberto Bolaño, se agita un mundo pesadillesco, onírico, con pulsiones de alteridad y disrupción, para enseñar un universo otro de imaginarios posibles para nuestro país siempre en proyecto…”.
Vida y vigor
En la cultura pop, particularmente la que se nutre del género de ciencia ficción, es difícil no incluir varios títulos emanados de la imaginación de autores como Jorge Baradit, Francisco Ortega y Hugo Correa. Autores que han influido quizás no tanto en escritores profesionales, sino en esa rara especie de fans que escriben. Que gozan de la escritura tanto como de su afición por la fantasía y otros géneros góticos y cuyos resultado están a la vista en numerosas entradas de blogs y páginas fanfiction que tienen considerables visitantes y lectores cautivos. Son autores tan enraizados en la cultura pop contemporánea chilena, con semejante legión de interesados que a veces hay más vida y vigor que en el mundillo de los géneros serios.
En ese sentido, se plasman las diversas inquietudes de una colectividad de mano de autores que plasman referentes, proyecciones o temores en sus mundos. Synco, de Jorge Baradit, por ejemplo, manipula la historia nacional de manera que los miedos más íntimos de la conciencia chilena traigan a flote familiares fantasmas.
Premio a un cómic
El pasado 3 de octubre, el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile entregó el Premio Marta Brunet a la Mejor Obra de Literatura Infantil, a Francisco Ortega y Gonzalo Martínez por su novela gráfica Mocha Dick. El premio, fue concedido por su contribución a la investigación y por tratarse de “un hito en la literatura juvenil chilena” que invita a los adolescentes a introducirse en el género de la novela gráfica de calidad literaria con personajes y ambientes de su propia cultura.
“Se trata de una original propuesta en el género de la novela gráfica cuyos autores unen la rica información de situaciones históricas, geografía y ambientes con un profesional uso de la técnica narrativa del cómic y textos de calidad literaria. La historia está contada con emoción, bien estructurada y con un atractivo ritmo narrativo; nos presenta a dos personajes adolescentes que se lanzan a una increíble aventura con audacia y honor. Caleb Hieman, hijo de ricos balleneros de Nantucket y Aliro Leftraru de Tirúa, se hacen amigos mientras comparten la dura vida de los barcos balleneros”, escribió el jurado en el acta del concurso.
Ese premio, sin duda, es un buen indicador de que las cosas y los parámetros están cambiando.
Y es para celebrarse porque entonces quizás haya oportunidad para que también se atienda y valore con justica esas historias pobladas con comunidades alienígenas encargadas de evidenciar las falencias de la sociedad chilena; personajes sombríos o murciélagos humanos, diputados de superpotencias latinas; almas que abandonan su cuerpo y viajan por el tiempo, criminales con superpoderes mentales; criaturas extraterrestres que aparecen en el campo chileno; o gobiernos cibernéticos que dictan la conducta.
Porque esos son solo algunos de los ambientes y personajes que encontraremos al transitar por las novelas de ciencia ficción chilena. Una dimensión habitada por seres creados por la ciencia y tecnología mental que lleva nuestro ADN.

12 Responses to En defensa de la ciencia ficción chilena

  1. Jessi Sabatia dijo:

    Me gustó el reporte. Lo encuentro la raja xq da dignidad a la ciencia ficción chilena, que puede analizarse si es de excelencia o no tanto, como cualquier otro género narrativo, pero que no debería tener esos estigmas de subgénero sin valor.

    Bien por Paulina Arancibia y por NerdNews, ya q tienen la ondita para comentar la cultura contemporánea que ha dejado atrás a esas viejas mentes que concibieron la Tierra Cuadrada, como también el arte. Justo ahora estoy con Mochadick de Ortega-Martínez y lo estoy pasando chancho.

  2. Luce dijo:

    Excelente nota. Buena iniciativa la de dar a conocer un poco de la historia de la ciencia ficción chilena y que de un modo u otro se intente realzar la imagen de ésta, otorgándole el valor que debería tener pero muchos desmerecen.

    A pesar de no saber mucho de ciencia ficción, esta nota me ha “culturizado” en el tema y sí, me ha dejado con ganas de leer a algún autor nacional (más de un título me ha interesado).

    *Paulina A. : Te quedo buenísima, me quedo en espera por tu siguiente columna 😀

  3. jorge Baradit dijo:

    Gran artículo de Paulina y se agradece la mención.
    Quizá comentar que el párrafo se hace cargo de un círculo más amplio de nuestra literatura: la literatura fantástica chilena. Que tiene una carcaterística muy particular, porq

  4. jorge Baradit dijo:

    Gran artículo de Paulina y se agradece la mención.
    Quizá comentar que el párrafo se hace cargo de un círculo más amplio de nuestra literatura: la literatura fantástica chilena. Que tiene una característica muy particular, porque en su afán de no caer en el género, mezcla, muta y se nutre de medio lado con ingredientes “bastardos” tratando de mantenerse dentro de cánones más respetados, construyendo así una especie de slipstream criollo, una mestizaje de géneros que es un paso adelante en identidad. “El obsceno pájaro de la noche” no tiene NADA de ciencia ficción, pero mezcla gótico, criollismo, surrealismo y otras pastas para producir un “objeto” único, mucho más propio y maravilloso que un escritor intentando parecer ciencia ficción y luchando por una pureza de género nefasta, sobre todo desde nuestro territorio. La ciencia ficción como ingrediente de “otras cosas”, no como una parcela delimitada con microscopio y cerrada con alambre de púas.

  5. Juan Carlos dijo:

    Esta película fue considerada por la prensa en su momento, la primera película de ciencia ficción chilena:

  6. Gracias, Paulina!
    Correa, Montero y Aldunate sonríen desde las estrellas!
    A leer literatura, pero literatura fantástica!
    http://www.puerto-de-escape.cl

  7. Paulina, más que CF chilena pienso, al igual que muchos, que nuestra CF es una gran amalgama de diferentes corrientes y elementos fantásticos, esa mezcla que nutre nuestra literatura hace mucho, de ese caldo compuesto por diferentes plumas e ideas de distintos autores, que muchas veces sin desearlo, van integrando estos elementos fantásticos en su obra que se pensó en un comienzo más realista. Eso no quiere decir que no hayan cultores al género de la ciencia ficción pura en si. Pero, a fin de cuentas, cada vez nos sumergimos más y más en este mar de ideas fantasiosas que nos ponen muy cerca de la CF como tal, llámese terror, surrealismo, gótico, ciberpunk, etc. O sea, esto está más vigente que nunca y se nota (aparte por todo lo que mencionas al final en el artículo), y creo que ya no va a parar más. Muy buena nota, felicitaciones.

  8. Omar Vega M. dijo:

    Gracias por la defensa de la Ciencia Ficción Chilena. Difiero de otras opiniones, pues El Genero Fantástico en general (horror, fantasía. etc.) siempre ha sido respetado en Chile. Y sin embargo, a la Ciencia Ficción siempre se le miró en menos, pues estamos en un país que hasta hoy es semi-analfabeto en ciencias. Pero esto también está cambiando.

    Felicitaciones!

    Omar E. Vega

    • Anónimo dijo:

      Un gran aporte, paulina. Creo que los Chilenos que escribimos cifi sabemos lo difícil que es prosperar con este género impegnado en nuestro ADN, como tú muy bien dices.
      Pero eso no nos ha detenido en el padado. Y no lo hará en el futuro: queda mucha cifi chilena por descubrir, y en mi caso, por escribir.
      Saludos,
      F.Y.
      Autor de la bilogía “Quayos” (novela del subgénero conocido como space opera)

  9. […] y autores, como bien conocimos en nuestro artículo En defensa de la ciencia ficción chilena (http://www.nerdnews.cl/?p=5480). Ese es su aporte y eso ya es […]

  10. Beni Benitez dijo:

    Excelente Columna.
    Muy interesante para quienes estamos entrando en este mundo tan fascinante!

    Gracias!

  11. Manuel Aranciia Castillo dijo:

    Exceleb¿nte articulo en favor de este genero tan venido a menos en la critica actual. Cuantas peliculas deben su exito a este genero. Cuanto queda por sacar del que nos dejo Philip K Dick. Este genero en USA se enseña en las universidades. en fin despues te escribo algo mas. Tengo miles de libros de C.F. Si quuieres consultar mas adelante. A lo mejor somos parientes, Chao y mucha suerte

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