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“Capricornio Uno”

Y ya pasaron 45 años de la llegada del hombre a la Luna. De aquel 21 de julio de 1969, cuando Neil Armstrong dejó para la posteridad su inmortal frase (“un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad”) y que sus huellas fuesen las primeras en quedar marcadas en la polvorienta superficie lunar. Buzz Aldrin lo siguió unos 20 minutos después, mientras que Michael Collins se quedó orbitando la Luna, en la cápsula que los traería a todos de vuelta a la Tierra.
Sin embargo, hasta hoy persisten las teorías conspirativas que sostienen que el hombre jamás llegó a la Luna (eso que la última fue el Apollo 17, en diciembre de 1972) y que todo fue un estupendo montaje. Tal vez en eso, precisamente, se inspiraron en Hollywood para realizar la película “Capricornio Uno” (1977). Un thriller escrito y dirigido por Peter Hyams (“Atmósfera Cero”, “2010: Odisea Dos”, “Timecop”).
En una fecha no precisada (pero claramente dentro de los años ’70 u ‘80), Estados Unidos se apresta a lanzar su primera misión tripulada a Marte: el Capricornio Uno. Sin embargo, el día del despegue, inesperadamente, los tres astronautas son sacados del cohete y llevados a una instalación militar abandonada en medio del desierto.
Desconcertados, la tripulación formada por el coronel de la Fuerza Aérea Charles Brubaker (James Brolin), el teniente de la Fuerza Aérea Peter Willis (Sam Waterston), y el comandante del Ejército John Walker (O. J. Simpson) ven cómo la nave despega sin ellos.
Una vez en la base, el doctor James Kelloway (Hal Holbrook) les explica que la NASA descubrió muy tarde que el sistema de soporte vital de la nave, construido por un fabricante corrupto, estaba destinado a fallar y que eso les habría costado la vida camino a Marte. Pero la opción de cancelar el lanzamiento no era factible, considerando la “carrera espacial” con la Unión Soviética y la necesidad de garantizar los abultados presupuestos para la agencia espacial. De modo que la única posibilidad era seguir adelante, hacer creer al mundo que la misión fue exitosa y que llegaron a Marte.
Al comienzo, los astronautas se niegan a participar de semejante montaje, pero las autoridades a cargo de la misión acaban de convencerlos cuando les dicen que su negativa podría poner en peligro a sus familias. Ante semejante amenaza, la tripulación del Capricornio Uno acepta.
Durante los siguientes meses, a regañadientes, los tres astronautas se dedican a grabar las imágenes del viaje, la llegada a Marte y el regreso de la misión. Todo en diferentes estudios de televisión, especialmente acondicionados para hacer creíble la misión espacial.
Finalmente llega el día en que ellos “regresan” la Tierra. Nuevamente les ponen los trajes espaciales y los suben a un avión que los llevará al lugar donde está previsto que descienda la cápsula. Sin embargo, a poco de despegar, el avión vuelve a la base. ¿La razón? Algo salió mal. La cápsula se quemó durante el reingreso y todo el mundo da por muertos a los tres astronautas. Por lo tanto, ninguno de ellos puede volver a aparecer en público, jamás.
Capricornio Uno - POrtada DVD
Ante eso, los responsables del montaje comprenden que no tienen más que una alternativa: matar a los astronautas. Pero ellos, previendo que eso ocurriría, escapan de la base, poniendo en peligro todo el plan.
“Capricornio Uno”, siendo de una película de fines de la década de 1970, se adelantó muchísimo a todos los thrillers sobre encubrimiento gubernamental y ocultamiento de la información. Una cinta por la cual no ha pasado el tiempo y que se mantiene tan vigente como el día de su estreno.

“Buck Rogers en el siglo XXV”

La década de 1980 estuvo plagada de series de ciencia ficción que buscaron capitalizar el éxito —inesperado para muchos, por cierto— que tuvo en 1977 “La guerra de las galaxias”. Sin embargo, no bastaba con un puñado de protagonistas en un ambiente futurista y escenas de acción en el espacio para lograr el beneplácito del público. Una de esas, precisamente, fue “Buck Rogers en el siglo XXV”.
A comienzos de 1978, los estudios Universal iniciaron la producción de una serie de televisión inspirada en el personaje de Buck Rogers, creado en 1928 por Philip Francis Nowlan, que ya había tenido doce películas, una versión en blanco y negro para televisión y muchas otras en radio. A cargo del proyecto pusieron a Leslie Stevens y a Glen A. Larson, quien ya había logrado cierto éxito con otra serie de ciencia ficción: “Galactica: Astronave de combate”. Y la NBC decidió lanzar el episodio piloto como una película, seis meses antes de que comenzaran a transmitir la serie, la cual se extendería por dos temporadas (de 1979 a 1981).
En la historia original de Philip Francis Nowlan, el protagonista se llamaba Anthony Rogers y era un ex miembro de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, que mientras explora una mina abandonada, se expone a un gas que lo deja en animación suspendida. Quinientos años más tarde, Rogers descubre que el mundo que él conocía ha desaparecido. Y serán la intrépida teniente Wilma Deering y el sabio doctor Huer quienes lo ayudarán a “ponerse al día”, sobre todo al momento de enfrentar la amenaza de los bárbaros Mongols.
Por su parte, en la serie de televisión de Glen A. Larson, el protagonista es el capitán William Anthony “Buck” Rogers (Gil Gerard), astronauta de la NASA y único tripulante del transbordador espacial Ranger 3, lanzado al espacio en mayo de 1987. Pero una falla en el soporte vital deja a Buck Rogers en animación suspendida. Hasta que en 2491, su transbordador es encontrado a la deriva en el espacio por una nave de guerra en la que viaja la princesa Ardala (Pamela Hensley), la más joven de las 30 hijas del emperador Draco. Ellos lo reviven, le explican que estuvo 500 años congelado y que a pesar de que la Tierra sufrió una guerra nuclear a fines del siglo XX, la humanidad logró sobrevivir y llevar a convertirse en una sociedad avanzada.
Rogers, entonces, es dejado en libertad para que regrese en su antigua nave espacial a la Tierra. Pero lo que él ignora, es que el Imperio Dracon realmente desea conquistar el planeta y que pusieron a bordo del Ranger 3 un dispositivo de rastreo que le permitirá a sus fuerzas cruzar la temida barrera de defensa terrestre.
El episodio piloto y el resto de la serie mostraban una Tierra bastante árida, con la población viviendo en un puñado de ciudades protegidas, de las cuales Nueva Chicago —donde aterriza Buck Rogers— es una de las más importantes. Mientras que afuera de dichas urbes solo existe una completa desolación, con las antiguas ciudades del siglo XX convertidas en ruinas y habitadas solo por mutantes deformes producto de la radiación de las bombas nucleares.
Por supuesto, las autoridades de Nueva Chicago no creen que él sea un astronauta del siglo XX y cuando encuentren el rastreador, lo acusan de espía. De modo que Rogers pasará el resto del episodio piloto intentando demostrar su inocencia, al tiempo que ayuda a salvar al planeta de sus enemigos.
Guiones muy flojos
Rogers es acompañado en sus aventuras por la atractiva coronel Wilma Deering (Erin Gray), quien además resulta ser una experta piloto de combate. Además, está presente el doctor Elías Huer (Tim O’Connor), máxima autoridad de la Dirección de Defensa y connotado científico.
A ellos se sumaron el Dr. Theopolis, una especie de computadora con inteligencia propia que es como un disco “tipo frisbee”, pero con luces. Parte del Consejo de Computadoras de la Tierra que ayudaron a los humanos a superar el holocausto nuclear. Un “personaje” que aporta los conocimientos científicos y el toque serio a una historia que muchas veces estuvo al filo de la comedia.
En ese contexto, vale la pena recodar a uno de los personajes más extraños —e inútiles, probablemente— de la serie: el robot Twiki, que actúa como sirviente del doctor Theopolis y amigo de Buck. Se hizo célebre por su insoportable “bidi bidi bidi bidi”, como preludio a alguna frase.
Durante la primera temporada, la serie puso a Buck Rogers en todo tipo de situaciones: combatiendo a la princesa Ardala y a su mano derecha, Kane (interpretado en el episodio piloto por  Henry Silva y luego por Michael Ansara en la serie), a mercenarios espaciales, a un extraño profeta con poderes energéticos, infiltrando una prisión en otro planeta, participando en una versión futurista de los Juegos Olímpicos, protegiendo a una reina de belleza (elegida no por su físico, sino por sus genes) y hasta luchando contra un vampiro espacial.
Los guiones nunca fueron particularmente buenos y la serie siempre se movió al borde del género. Algo que se notaba demasiado al compararla con la otra producción de Larson, “Battlestar Galactica”, con un mayor peso dramático y de la cual incluso “tomaba prestadas” escenas, sobre todo la de la sempiterna nave de transporte entrando a algún hangar.
En todo caso, vale la pena mencionar que la producción, a lo largo de esta temporada, apuesta por reclutar actores de larga trayectoria, tal vez como una forma de enganchar mejor al público. Fue así como vimos a Frank John Gorshin, Jr. (El Acertijo en la serie “Batman” de los ’60), a Peter Graves (Jim Phelps, de la serie “Misión Imposible”), a Buster Crabbe (quien había interpretado a Flash Gordon en los años ’30) y Jack Palance (eterno villano de todo tipo de películas).
El primer ciclo cerró con bajo apoyo de los telespectadores y mala crítica. El propio Gil Gerard manifestaba entonces su molestia con la serie, exigiendo que le dieran una mayor profundidad a los guiones. Al punto que a fines de 1980, llegó a decir que prefería que no hubiera una segunda temporada. Pero la hubo.
Buscando a las tribus perdidas
El segundo ciclo de la serie dio un extraño e inesperado giro. Buck Rogers, Wilma y Twiki se embarcaron a bordo de la nave espacial “Searcher”, cuya misión era buscar los grupos de humanos que se habían dispersado por el universo tras la guerra nuclear de fines del siglo XX. En este punto, vale la pena recordar que esta idea de “las tribus perdidas de la humanidad” en el espacio es un eje fundamental de la trama de “Galactica”, pero al revés: los humanos sobrevivientes del gran ataque de los cilones recorren el universo en busca de sus “hermanos perdidos” que viven en la mítica Tierra. ¿Se acuerdan?
Volvamos a bordo del “Searcher”, nave de exploración al mando del almirante Efram Asimov, un supuesto descendiente del famoso escritor de ciencia ficción Isaac Asimov. A Buck, Wilma y Twiki se suman Hawk, un alienígena que en vez de cabello tiene plumas y que es el último de su especie; el doctor Goodfellow, un científico de avanzada edad y gran curiosidad (interpretado por Wilfred Hyde-White, el coronel Hugh Pickering de “Mi Bella Dama”), quien además es el creador de Crichton, robot que se cree tan superior que no puede aceptar que haya sido creado por seres tan imperfectos como los humanos.
Si en la primera temporada las cosas no convencieron, en esta nueva etapa no mejoraron. Las historias se volvieron aún más débiles e incluso la desaparición de personajes secundarios como el doctor Huer, el doctor Theopolis o la princesa Ardala jugó en contra, sellando el destino de la serie, la cual fue cancelada en 1981.
¿Qué más se puede agregar sobre “Buck Rogers en el siglo XXV”? Básicamente que fue una producción que buscó llenar un espacio en la televisión, pero que no logró convencer al público de la época. Y que para muchos hoy ocupa un lugar en la memoria más por efecto de la nostalgia que por la calidad de sus guiones o efectos especiales. A pesar de todo eso, sin duda, valía un merecido Retronerd.

6 supervehículos de los 80s que todos quisimos manejar o pilotear

MDD-HUGHES THOR-02 «AKA BLUE THUNDER»
Blue Thunder: The Movie (Relámpago Azul, 1983)
Blue Thunder: The Serie (Relámpago Azul, la serie, 1984)
Aeronave de alta tecnología surgida de un proyecto conjunto entre la policía de Los Ángeles, la NSA y el FBI, denominado THOR (Tactical Helicopter Ofensive Response; Helicóptero táctico de respuesta ofensiva). La idea básica fue desarrollar un sistema de vigilancia y respuesta antiterrorista para las policías metropolitanas de las grandes ciudades norteamericanas, motivado por las posibilidades de un ataque “enemigo” durante las olimpiadas de 1984, lo que jamás sucedió.
La nave era básicamente un helicóptero Westland/Aerospatiale SA-341 Gazelle de origen franco-inglés, modificado por McDonnell Douglas (MDD)-Hughes (que tenía la experiencia de haber construido el exitoso AH-64A Apache) como plataforma aérea artillada y multipropósito. Algunas de sus características eran vuelo silencioso, aceleración máxima cercana a los 400 kilómetros por hora, sistemas de espionaje de audio y video (con VHS) y torreta con cañón Gatling rotatorio de 20 mm y cadencia de 6 mil disparos por minuto, todo en una estructura blindada capacitada para sobrevivir a impactos directos de armas de hasta 40 mm.
Entre 1981 y 1983, MDD-Hughes construyó dos prototipos. El THOR-01, impulsado por un turboeje que finalmente fue desmantelado y el THOR-02, equipado con dos turboejes. Esta segunda unidad, bajo el seudónimo de “Blue Thunder” (Relámpago Azul), operó brevemente en la división Astro de la Policía de Los Angeles. Tras un confuso incidente -de implicancias políticas jamás aclaradas (una parlamentaria demócrata fue asesinada)- la nave fue destruida al chocar contra un tren en movimiento. Un tercer aparato (THOR-03) fue reactivado durante un brevé tiempo en un equipo conjunto entre el FBI y la policía de Los Angeles, pero los altos costos del helicóptero desarticularon la operación antes de que esta cumpliera un año.
El programa THOR nunca fue reactivado, pero muchos de los desarrollos pasaron a formar parte del proyecto LHX (Light Helicopter eXperimental) que culminaría con la producción del Boeing-Sikorsky RAH-66 Comanche., hoy también cancelado.
BELL TEXTRON-MOFFAT RAHX-1 (Mark-III) «AIRWOLF»
Airwolf (Lobo del Aire, 1984) 
Plataforma de superioridad aérea y ataque aire-tierra/aire-superficie montada en un Bell Textron 222 de origen civil modificado por industrias Moffat bajo el encargo de RAHX-1 (Helicóptero de ataque y reconocimiento experimental 1). Aparte de las armas y el blindaje, la nave fue dotada con dos turboreactores con postquemadores que lo capacitaban para alcanzar velocidades aproximada al Mach 1.5.
El helicóptero más poderoso y veloz jamás construido, se ganó el apodo de “Airwolf” (Lobo del Aire), por el aullido causado al romper la barrera del sonido con alas rotatorias. Prácticamente indestructible, estaba dotado de contramedidas electrónicas todo tiempo, un sistema de armas retráctil-orientable y dos pods compuestos cada uno por ametralladoras gemelas y un cañón de 20 mm. “Airwolf” fue la respuesta de inversionistas privados a un encargo de La Agencia (también conocida como La Oficina), división de la CIA a cargo de Michael Coldsmith Brigss III., AKA “Arcángel”, para desarrollar una nave polivalente de espionaje artillado con capacidad de ofensiva estratégica, que uniera las características de velocidad y resistencia de un avión de alas fijas con la versatilidad de un helicóptero.
De los cuatro prototipos construidos, dos de ellos (Mark I y II) fueron desmantelados. El tercero (Mark III), tras ser robado por su creador y llevado a Libia de donde fue recuperado, terminó escondido por cuatro años en algún lugar del medio-oeste norteamericano y desde allí operó en misiones secretas encargadas por La Agencia/Oficina a su piloto, el capitán retirado Stringfellow Hawke.
Luego del asesinato de Hawke la nave fue recuperada por la Agencia/Oficina, que acabó desmantelándolo como parte de un recorte de presupuestos tras el fin de la Guerra Fría. El avanzado Mark IV, apodado “Redwolf”, es decir “Lobo Rojo” fue derribado por el Mark III en un confuso episodio que el personal de “Arcángel” ha sabido ocultar.
GENERAL MOTORS PONTIAC-KNIGHT INDUSTRIES 2000 (KITT)
Knight Rider (El Auto Fantástico, 1982)
En 1982, la Fundación Knight para la Ley y el Gobierno centró sus esfuerzos en construir el auto policial perfecto. Para ello se optó por diseñar una unidad de inteligencia artificial, o robot, incorporado a un auto deportivo diseñado por General Motors de acuerdo a las especificaciones indicadas por el Dr.Wilton Knight.
De esta manera el CPU de la máquina fue conectado a la estructura de un Pontiac Firebird Trans Am de 1982, modificado con blindaje y un acabado de capó ligeramente distinto. Resultado: el auto más veloz, inteligente y poderoso jamás construido. Se desarrollaron dos prototipos, KARR, cuya inteligencia artificial estaba programada para poner su propia seguridad por sobre la de quien lo conducía  y KITT, dotado de “empatía emocional” que se haría famoso con el apodo de “Knight Rider” o “El Auto Fantástico” en Latinoamérica, excepto México que lo conocía como el “El coche increíble”. KARR fue destruido por su contraparte y KITT, tras casi dos décadas recorriendo los caminos de Estados Unidos, desmantelado.
Por supuesto  el CPU o cerebro fue recuperado y mantenido por la Fundación Knight que lo incorporó a  otras unidades móviles hasta que el 2004 fue entregado al gobierno donde se supone funciona como inteligencia artificial principal del computador central de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), aunque también hay rumores de que fue desmantelado.
 
MIKOYAN GUREVICH MiG-31 «FIREFOX»
Firefox (Firefox, el arma definitiva, 1982)
Interceptor hipersónico diseñado por la Mikoyan Gurevich para frenar las incursiones de aviones espías SR-71 Blackbird y detener misiles intercontinentales previo a su ingreso a la atmósfera.
El Mig-31, código OTAN, Firefox, fue la primera aeronave construida en el mundo cuya computadora de vuelo recibía ordenes cerebrales, de ahí lo de “pensar en ruso”. Poseía además un rudimentario sistema stealth, de invisibilidad al radar. Su altísima velocidad -se habló de que superaba el Mach-7-, constituyó también su debilidad por el desorbitado gasto de combustible. La alicaída economía de la entonces URSS, obligó a que el orgullo de la Fuerza Aérea del Kremlin, se limitara a dos prototipos.
El 01, desaparecido en algún lugar del mar Báltico y el 02, aparentemente desbaratado tras la caída de la cortina de hierro. Sin embargo hay informes bastante confiables e incluso fotografías de dos unidades mejoradas de la nave, al cuales fueron definidas tanto por la CIA como por la OTAN como MiG-31B “Silverfox” las cuales estarían aun en uso por la fuerza áerea rusa como plataforma de reconocimiento estratégico a gran altura.
Existe además un mito urbano que asegura que el “Firefox” 01 fue derribado por el 02 en un confuso incidente gatillado por una acción de inteligencia norteamericana en la cual la nave 02 fue robada por un piloto de la USAF y llevado a Estados Unidos para ser estudiado y aplicar retroingeniería a su diseño. El avión, ya desmantelado, se encontraría actualmente en alguno de los hangares de la base militar de Groom Lake de Nevada, instalación más conocida como Área-51.
MACK TRUCKS «THE SPECIAL» Mark-I
The Highwayman (El Guerrero del Camino, 1987)
Construido y diseñado por la empresa de camiones MACK (actualmente división norteamericana de la multinacional Volvo) bajo un contrato secreto del gobierno, que pidió una unidad blindada de transporte y ataque para la protección federal de las carreteras en los turbulentos días de 1992.
Los contratistas básicamente entregaron un tanque disfrazado de camión trailer de 18 ruedas, propulsado por cuatro turbinas de gas, dotado de armas automáticas retráctiles, blindaje orgánico, un sistema de invisibilidad stealth y la formidable capacidad de convertir la sección del conductor en un helicóptero SA-341 Gazelle de fabricación franco-inglesa, similar al modelo usado de base para la construcción del «Blue Thunder».
Se construyeron seis «Especiales» de la serie Mark-I, todas al servicio de la unidad especial del FBI “Highwaymen” (Guerreros del Camino) de las cuales sobrevivieron tres las que acabaron desmanteladas por orden de las políticas de reducción de costos de 1998. Del más estilizado y veloz Mark-II -que reemplazaba la carlinga/helicóptero por un semitractor con la capacidad de ser usado como minivan deportivo de comando- se construyó sólo el prototipo, hoy en el museo de desarrollos tecnológicos de Volvo/MACK Trucks.
MARS/HONDA XL 500 «STREETHAWK»
Streethawk (El Condor/Halcón Callejero, 1985)
Otra idea descabella de agencias gubernamentales norteamericanas durante los turbios años 80. Preocupados de la poca seguridad de los policías urbanos, se impulsó el diseño y la creación de una unidad policiaca móvil de respuesta defensiva y ofensiva de alta velocidad, tarea que desarrollo industrias MARS usando la plataforma de una motocicleta Honda XL-500 de origen japonés.
El «Halcón callejero» era básicamente un vehículo liviano de ataque que además de ametralladoras frontales y posteriores incluía el prototipo de un cañón laser de 15 mm; blindaje y un motor de turbina basada en el propulsor de un caza Northrop F-5 Tiger II/Freedom Fighter que le proporcionaba una aceleración cercana a los 500 KPH. El alto costo de mantención y de combustible ocasionó que tras el prototipo, probado de manera clandestina/oficial en las autopistas de Los Angeles durante 1985 fuera finalmente suspendido y desmantelado.
 

“Dark Skies”

El próximo 22 de noviembre se cumplen 50 años del asesinato del Presidente John F. Kennedy, en Dallas, a manos de un inesperado atacante solitario: Lee Harvey Oswald. Una versión oficial que desde entonces ha sido constantemente desafiada por un sinnúmero de teorías conspirativas que involucran desde su entonces Vicepresidente, Lyndon B. Johnson, hasta la mafia. Pero ¿y si detrás de su muerte hubiese existido una conspiración mayor?. ¿Una que involucrara… extraterrestres?.
Esta era la premisa de la serie de NBC “Dark Skies” (1996-1997), creada por Brent V. Friedman y Bryce Zabel. Y que aunque tuvo solo una temporada de 18 episodios más el capítulo piloto, se volvió un programa de culto.
Inspirada en el éxito arrollador de “Los archivos secretos X”, “Dark Skies” es sin lugar a dudas el mejor de todos los programas de televisión que se inspiraron en los misteriosos casos que cada semana investigaban los agentes del FBI Fox Mulder y Danna Scully. Con una diferencia importante: “Dark Skies” no estaba ambientada en la década de 1990, sino treinta años antes.
“Mi nombre es John Loengard. Estoy grabando esto porque podríamos no amanecer vivos. Ellos están allá afuera, son hostiles y hay poderosas personas que no quieren que lo sepamos. La historia, tal como la conocemos, es una mentira”. Así comenzaban los episodios, dando a entender que los principales acontecimientos históricos de Estados Unidos durante la segunda mitad del siglo XX —y su repercusión mundial— eran producto de una gran conspiración que buscaba encubrir la existencia de alienígenas hostiles.
John Loengard (Eric Close, a quien posteriormente veríamos en “Taken”, de Steven Spielberg) y su novia Kimberly Sayers (Megan Ward, que luego apareció en episodios de “CSI”, “NCIS”, “Boston Legal” y “General Hospital”) son dos jóvenes que trabajan en el Washington de la administración Kennedy. Son tiempos de optimismo para Estados Unidos. Sin embargo, el destino hará que John pase de ser un simple asistente en el Congreso a convertirse en un agente dentro de la misteriosa agencia Majestic 12, liderada por el enérgico Frank Bach (el impecable J. T. Walsh, a quien recordamos de “Buenos Días, Vietnam”, “Cuestión de Honor”, “Hoffa”, entre muchas otras).
Es ahí donde descubre que a fines de la década de 1940, el gobierno estadounidense de Harry Truman tuvo contacto con alienígenas hostiles que habían llegado a la Tierra exigiendo la rendición incondicional de la humanidad. Y que desde entonces se mantenía una especie de “guerra secreta” con ellos. Pero Loengard no está de acuerdo con sus métodos e intenta poner sobre aviso al gobierno, hablando directamente con Robert Kennedy, hermano del entonces Mandatario y Fiscal General del país. Una decisión que le cuesta empezar a ser perseguido tanto por Majestic 12 como por los “grises”, esos típicos extraterrestres bajitos, cabezones, de ojos grandes y dedos largos. Pero delatar a Majestic 12 no impide el asesinato de Kennedy y es el fin de “Camelot”.
En los capítulos posteriores la serie también empezó a incluir otras figuras de la época, como Los Beatles, Robert Kennedy, Jim Morrison y J. Edgar Hoover.
A pesar de su original e interesante trama, de su impecable reconstrucción de época (mucho antes de “Mad Men”) y sólidas actuaciones, el rating no la acompañó y “Dark Skies” fue cancelada al término de su primera temporada, dejando trunco un proyecto realmente ambicioso. Porque el plan original contemplaba cinco temporadas, avanzando en el tiempo hasta el presente: la primera cubría el período 1961-1969, la segunda los años entre 1970 y 1979, la tercera iba de 1977 a 1986, la cuarta abarcaba de 1987 a 1999 y la quinta se enfocaba en un estremecedor desenlace entre 2000 y 2001.
La cancelación de la serie obligó a buscar una especie de cierre en el último capítulo, algo que no dejó contentos a los espectadores y que ciertamente fue muy distinto del plan original.
“Dark Skies” fue una serie que merecía un mejor destino. Tal vez se adelantó a su tiempo.
Pero al menos queda el consuelo de que hoy toda esa primera temporada está disponible en DVD, lo que permite volver a disfrutarla o —para los más jóvenes— descubrirla. Y créanme, vale la pena.


“Quark”

La comedia y la ciencia ficción ciertamente no son elementos incompatibles. Ejemplos haymuchos, como “Mork & Mindy” (1978), protagonizada por un jovencísimo Robin Williams; “3rd Rock from the Sun” (1996), extraordinaria comedia a cargo de John Lithgow, Kristen Johnston y Joseph Gordon-Levitt, entre otros; y la impecable “Galaxy Quest” (1999), que exploró con humor y respeto el universo de “Star Trek” de la mano de un reparto en el que destacaban Tim Allen, Sigourney Weaver, Alan Rickman y Sam Rockwell.
Sin embargo, a fines de la década de 1970 una extraña y particular comedia se lanzó por este camino. Estamos hablando de “Quark” (1977), comedia nacida de la mano de Buck Henry, co-creador de aquel hito de la comedia televisiva que fue “Get Smart”, mejor conocida en Chile como “El superagente 86”.
La referencia obvia de “Quark” era “Star Trek”, aunque también hubo guiños a “La guerra de las galaxias” y “2001: Odisea del espacio”. Eso quedaba claro desde el comienzo, cuando al ver el episodio piloto descubríamos que la serie estaba ambientada en 2226, dentro de los vastos territorios de la Galaxia Unificada (clara cita a la Federación de “Star Trek”).
Allí, la acción transcurría a bordo de una nave perteneciente a la Patrulla de Sanidad de la Galaxia Unificada, comandada por el capitán Adam Quark. ¿Su misión? Recolectar toda la basura que iban lanzando al espacio las grandes naves de transporte o de defensa.
Sin grandes efectos especiales, la historia trató de captar televidentes a través de tramas llenas de chistes rápidos y de un humor absurdo que finalmente no tuvo buena recepción. Prueba de eso fue que la serie no llegó a superar los ocho episodios.
Entonces, ¿cuál fue su atractivo? Fundamentalmente su alocada tripulación, encabezada por el comandante Quark (Richard Benjamin), quien sueña con el mando de una nave espacial de verdad.
Junto a él estaban Betty 1 y Betty 2 (interpretadas por las rubias Cyb y Patricia Barnstable), dos chicas en hot pants exactamente iguales. Lo único que sabemos de ellas es que sienten una insólita devoción por Quark y que una es el clon de la otra. El detalle es que ninguna de las dos reconoce ser el clon, ya que Quark afirma estar enamorado de Betty, aunque sin especificar cuál.
Otro de los tripulantes es Gene/Jean (Tim Thomerson) una criatura de apariencia humanoide cuya estructura genética combinaba cromosomas masculinos y femeninos. Esto hacía que Gene actuara como una especie de Rambo espacial, siempre usando la violencia como primer recurso, pero que súbitamente podía adoptar la personalidad de Jene, delicada y femenina.
Ficus Pandorata (Richard Kelton) era el oficial científico de la nave; también de apariencia humana, aunque realmente se tratara de una criatura de origen vegetal. Carente de emociones, racional y de gran inteligencia, era una clara parodia del señor Spock.
La tripulación se completaba con Andy (Bobby Porter), un robot que parecía ensamblado con piezas y partes sobrantes, que además tenía una personalidad absolutamente cobarde y neurótica.
Vale la pena mencionar también Otto Palindrome (Conrad Janis), el burócrata a cargo de la estación espacial Perma Uno y quien es el encargado de asignar las misiones a Quark.
Si bien duró apenas ocho episodios, es probable que los mejores haya sido precisamente aquellos inspirados en “Star Trek”, como cuando la tripulación comenzaba a envejecer. O aquel en que tras cruzar por un agujero negro, aparecía una versión malvada de ellos mismos que comenzaba a causar todo tipo de destrucción.
Es probable que “Quark” no pase a la historia como una gran serie de televisión, si no más bien como una excentricidad propia de fines de los ’70, con trajes plateados, los cuellos anchos y todas esas escenografías “onda disco”.