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‘Dunkirk’: El tic tac de una guerra

Rendirse no es una opción.
Si hay algo que caracteriza al director Christopher Nolan, es su calidad al momento de realizar sus cintas. Marcando cada metraje con su huella personal. Él y Hans Zimmer componen un dúo excepcional al momento de contar una historia, tanto en la pantalla, como en la música que impregnan al espectador.
Es por eso que este nuevo proyecto, se convirtió en un gran desafío a enfrentar para el británico realizador. Basada en la Operación Dinamo: un hecho real ocurrido en los albores de la Segunda Guerra Mundial, esta cinta nos transporta a las costas de Francia, donde más 300 mil soldados de las tropas aliadas son empujados y rodeados, por el avance alemán, quedando en una playa abierta a la espera de un vano rescate desde el mar y bajo el ataque de los aviones enemigos.
Nolan nos transporta y retrata el peligro vivido en el frente de batalla. En la tierra, cielo y mar, en donde la desesperación humana aflora con una resignación al tic tac de la guerra que cubre el campo. Sin exageraciones, nos muestra con una arriesgada y radical estructura narrativa que avanza al son de un reloj, historias profundamente desgarradoras, conectadas con un fin: el cumplir la misión y volver a casa.
Y es que este filme contiene muy poco diálogo, ya que su fuerza está en las imágenes y en su edición de sonidos, donde los disparos suplen la ausencia de sangre. Con épicas secuencias bien acompañadas por la gran y potente banda de sonido de Zimmer, además de la notable precisión de su pulso dramático, ‘Dunkirk’ se ha transformado en una de las mejores películas de este director, quien supo jugar con el tiempo, y que ha convertido una historia de supervivencia, en un tenso thriller que no te permite pestañear, y que al son de un discurso final, te motiva a luchar en las playas; en los aeródromos; en los campos y en las calles; en las colinas y nunca rendirte, tal como los soldados de esa época lo hicieron.

 

 

 

 

‘Spider-Man: Homecoming’: El traje no hace al héroe

La tarea puede esperar, la ciudad no.
Luego de cinco cintas estrenadas con diferentes actores y directores, el trepamuros nuevamente volvió a la pantalla grande con una nueva película en solitario.
Pero esta vez, de una manera distinta, ya que este renovado Peter Parker, fue introducido a la audiencia en ‘Capitán América: Civil War‘, gracias al acuerdo entre Sony y Marvel. Dejando a los espectadores con ganas de ver más de las aventuras de Parker y compañía. De esta forma, el director Jon Watts tuvo la responsabilidad de llevar acabo este proyecto, que buscaba darle un nuevo aire al arácnido héroe.
Es así como su filme nos cuenta que tras los acontecimientos ocurridos entre la lucha de Iron Man (Robert Downey Jr.) y el Capitán América (Chris Evans) en ‘Civil War‘, y después de la experiencia vivida con los Avengers, Peter (Tom Holland) regresa a casa con su tía May (Marisa Tomei), tratando de controlar su recién hallada identidad como Spider-Man, pero siempre bajo el atento ojo de su nuevo mentor, Tony Stark (Downey Jr.). Peter intenta mantener una vida normal como cualquier joven de su edad, mientras vive distraído por los pensamientos de probarse a sí mismo como un nuevo héroe. Pero su rutina es interrumpida cuando The Vulture (Michael Keaton) emerge como un nuevo villano y todo lo que Peter considera importante, se ve amenazado.
Y es que esta cinta no nos cuenta por tercera vez los orígenes de Spider-Man, más bien nos invita a imaginarnos como espectadores, el camino que tuvo que pasar este adolescente para llegar hasta dónde está. Por su parte, la actuación de Tom Holland, nos hace regresar a la esencia del personaje, esa que tantas veces lo fanáticos habían querido ver adaptada.  Así en esta ocasión, nos retrataron a un amigable vecino arácnido de la forma que Stan Lee y Steve Ditko imaginaron al crear sus viñetas: Un adolescente con superpoderes tratando de lidiar el día a día con su problemas personales de juventud, que incluyen la escuela y los romances, mientras intenta salvar al prójimo.
Spider-Man: Homecoming‘ es una película llena de humor, acción, referencias a los cómics y a otras cintas del Universo Cinematográfico de Marvel, pero sobre todo un filme en la que un chico de Queens con un gran corazón y una mayor responsabilidad, se luce en lo que más sabe hacer, dar lo mejor de sí. Porque el traje no hace un héroe, sino su convicción de superarse a si mismo y proteger a los demás, sin pensar en su beneficio personal.

 

 

‘Blade Runner’: El futuro hoy

No sólo se trata de pasar la prueba Voight-Kampff , ese ficticio test inventado por el escritor Philip K. Dick en su novela “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”  -que inspira el filme ‘Blade Runner’– para distinguir a un humano de un robot. No solo se trata de un cazador de replicantes llamando Rick Deckard en un planeta Tierra moribundo. No solo se trata de un futuro próximo, en noviembre de 2019 en una lluviosa y oscura ciudad de Los Angeles, California. No solo es ciencia ficción para adultos en una era repleta de filmes de ciencia ficción para niños. ‘Blade Runner’, una película que cumple 35 años, es una sorprendente y anticipatoria película  que fue fruto del azar, de lo mejor y de lo peor de Hollywood, del talento y de la falta de este, pero también fue fruto del terror a lo nuevo, al éxito de la innovación y, en general, al tira y afloja entre el estricto Ridley Scott con su estrella Harrison Ford, harto de discutir con el testarudo creador de ‘Alien, el octavo pasajero’, Scott; y fue fruto además del genio de Rutger Hauer y su lucidez para interpretar de qué se iba a tratar este engendro enorme que crecía en presupuesto, en locaciones, en efectos especiales, en diseño de producción y vestuario a pasos agigantados durante su filmación.
Blade Runner’ se salió de las manos, fue une hipérbole ambiciosa y desquiciada que llegó a buen término porque hubo talentos que supieron contenerla, leerla, editarla y sacarla de la zona en la que pudo haberse ahogado: la de la absurda parodia y franca estupidez.
Blade Runner’, estrenada el 25 de junio de 1982 en Estados Unidos, es una película sobre el futuro. En noviembre de 2019, la fecha en la que está ambientada esta distopia, el mundo se encuentra moribundo, la publicidad que flota entre edificios altísimos invita a los privilegiados a explorar nuevos mundos, ya no queda casi nada natural, hay animales clonados en su mayoría y los humanos “falsos”, los replicantes, solo pueden ser descubiertos con el test Voight-Kampff: unas decenas de preguntas formuladas para descubrir a los humanos sintéticos, en especial a los Nexus 6, un tipo de replicantes más avanzados, idénticos a los humanos, pero más fuertes. Más inteligentes y usados en las colonias espaciales como esclavos.
Deckard (Ford) es un retirador de replicantes, un “blade runner”, en otras palabras, un ex policía que solía sacar la vida artificial indeseada de las calles. Pero él mismo se haya fuera de las pistas, comiendo bajo la lluvia y el neón de Los Angeles cuando es de nuevo reclutado para poner el orden cuando un escuadrón de replicantes rebeldes se ha internado en la Tierra. Estos replicantes están sueltos y liderados por Roy Batty (Rutger Hauer).
Hecha en los 80s, mirando al futuro lejano (en esa época) de 2019, pero usando de base el claroscuro del cine noir de los años 50 de Hollywood y asimismo el expresionismo alemán y su fotografía de claroscuros y en especial la pieza cumbre ‘Metrópolis’ (1927), de Fritz Lang (ciencia ficción que iba a ser fundacional mirando a una ciencia ficción que ha sido fundacional), ‘Blade Runner’ fluye como un caso policial casi menor. De crónica roja, es decir, va de lo mínimo y casi nimio  a un tipo de grandeza que Ridley Scott de seguro no captó del todo en su momento, pero sí de seguro intuyó y apostó por esa vía intuitiva y visual que nunca se había hecho hasta ese momento.
El caso policial va así: Un blade runner ha sido atacado por  uno de los secuaces de Batty durante un test Voight-Kampff  que vemos al inicio de la película. Leon, impetuoso, no ha podido disimular su falta de humanidad con preguntas que indagan en su reacción frente a la imagen (mental) de una tortuga boca arriba
Y ese hecho criminal activa la acción de esta pieza fundamental del cine contemporáneo porque todo a lo ancho y alto de la pantalla se llenó y aún llena de ideas nuevas, materializadas con una fotografía sublime de Jordan Cronenweth, el guion de Hampton Fancher y David Webb Peoples, que supo captar la esencia paranoica del genio del escritor Phillip K. Dick, imitado, jamás igualado, y la música electrónica, melancólica y un personaje en sí mismo de Vangelis: un soundtrack que acompaña y hace crecer la ambientación perfecta que realiza la cinta de este porvenir decadente, triste y apocalíptico.
Blade Runner’ marca un antes y un después en el cine porque en 1982, cuando se estrenó, las películas de ciencia ficción estaban en Hollywood y en Occidente completamente infantilizadas. ‘La guerra de las galaxias’ y sus clones de los años 70 habían señalado el camino de la taquilla hacia e el cine sci fi de matiné, hecho para niños  y si bien hubo intentos por adultizar el género gracias a singularidades como ‘Logan’s Run’ (‘Fuga en el siglo XXIII’, de 1976), esa delicia sobre un futuro idealizado donde se vive hasta los 30 años, fue en verdad ‘Blade Runner’ el gran faro que supo interpretar con capas y profundidad el oscuro futuro que se nos venía encima.
A 35 años de este fundamental estreno, este filme posee la lucidez para darle una vuelta al capitalismo y si en ‘Breaking Bad’ hay más de crítica al capitalismo que en cualquier bloque socialista, la cinta de Ridley Scott  ponía en primer plano que diantes pasaba con las vidas de las personas normales y comunes cuando las grandes corporaciones se ponían a regir existencias y destinos de todo lo natural y artificial sobre la faz de la Tierra. Lejos de la utopía de los optimistas del neoliberalismo salvaje, el guion y realización de ‘Blade Runner’ posee una potente subversión y candente postura anti sistémica porque a cada momento estamos viendo el lado de los derrotados: los legales, los humanos fallidos (y no aptos para viajar y escapar de este infierno) que se han quedado en la Tierra prácticamente a perecer, y los ilegales: los androides perfeccionados  y superiores que regresan fuera de la ley a la Tierra a buscar una solución a su problema: solo pueden vivir cuatro años y desean que su creador, el empresario y genio Dr. Eldon Tyrell, les diga el secreto para vivir más.
Pero a Tyrell le interesa solo el profit, el lucro. El dinero.
¿Qué más, sino, no?
Harrison Ford es un Deckard que da el ancho en su deambular errático y humano en su investigación que de mínima y aparentemente simple, retumba en crucial y determinante cuando se enamora de una femme fatale equivocada como Rachael (Sean Young) y da tumbos en una sociedad jamás hecha a ninguna escala humana, ni menos hecha a la inhumana escala de los replicantes en busca de su humanidad.
Si ‘Blade Runner’ es tan pesimista como su cinta abuela directa, ‘Metrópolis’, de Fritz Lang, esa crítica social directa a la desigualdad de clases y las injusticias de la modernidad en la Europa de post guerra (de la post guerra de 1914) , esa solemnidad en la que podría caer una denuncia mal formulada, se diluye entre el neón, los vuelos rasantes de autos policiales voladores y el vaho de una trama policial fascinante que, a final, no busca culpables, ni buenos, ni malos, ni víctimas ni victimarios. Aunque sí en la fórmula y forma, pero en la innovación y en el fondo los resultados de la pericia detectivesca en verdad chocan más con temas de ese futuro distópico que tienen que ver más que nada con problemas parecemos vivir hoy en día: gobernados por corporaciones abusivas, beneficiadas por la ley y con la impunidad completa para lucrar lo que deseen a costa de los ciudadanos de segunda clase que cerramos  filas como un ejército de clientes listos para enriquecer a los más ricos.
Ridley Scott nunca leyó “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” ni su versión fílmica de esa novela corta de Philip K. Dick tenía la intención de traducir la paranoia perenne del autor de “El hombre del castillo” y “Ubick”. Sin embargo, la conocida disputa que sostuvo el director con Harrison Ford durante el tenso rodaje, porque Ford no quería aceptar de buenas a primeras una instrucciones que decía que no entendía, discusiones que también se trasladaron a la esfera entre el actor y Sean Young, ambos no se podían soportar en el set, llevaron a generar una alerta total entre los productores: Jerry Perenchio y Bud Yorkin.
El sorpresivo aumento del presupuesto, tardanzas en el rodaje y cambios sugeridos por el holandés Rutger Hauer, quien se negó a rodar la pelea de karate instalada en el guion original entre el Deckard de Ford y su propio rol, el supuesto villano Roy Batty. A cambio de esta horripilante escena, el actor fetiche de Paul Verhoeven en cintas como “Delicias turcas” propuso una solución alternativa: su ya clásico discurso “lágrimas en la lluvia”.
-He visto cosas que ustedes nunca hubieran podido imaginar; naves de combate en llamas en el hombro de Orión. He visto relámpagos resplandeciendo en la oscuridad cerca de la entrada de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán… en el tiempo… igual que lágrimas… en la lluvia. Llegó la hora de morir-.
 Toda la película ‘Blade Runner’ es un test Voight-Kampff: un cuestionario hecho una perfecta película que busca responder quiénes son los humanos de verdad en el deshumanizado mundo del futuro de Los Angeles, en noviembre de 2019.
¿Deckard, Roy, Rachael son humanos? ¿O son replicantes? ¿Qué nos hace humanos al final?
 Philip K. Dick comenzó a germinar la idea para su novela “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” cuando investigaba para su distopia “El hombre del castillo”.
Philip K. Dick tuvo acceso a archivos nazis de la Segunda Guerra Mundial y allí, la lectura de varios casos terribles cometidos por los alemanes le llevaron a discernir una manera para diferenciar quienes eran los humanos y quienes no entre nosotros. Quienes eran los monstruos y quienes no.
Es cierto que el test de Turing, propuesto por el británico Alan Turing para descubrir –en simple- si una inteligencia es artificial o humana en los albores de la ciencia computacionales en su conocido ensayo de 1950 “Computing Machinery and Intelligence”, es un referente obligado en ‘Blade Runner’. Pero la verdad es que en el caso de Philip K. Dick es la influencia del lado más ferviente y metafísico del sicoanalista Carl Jung lo gravitante.
Sin embargo, en ‘Blade Runner’, la película, el espectro de Turing planea como un drone en el cielo sobre esa ciudad futurista que en verdad nunca fue, ese Los Angeles aberrante pero altamente estilizado en que se convierte el desolador futuro – a secas-  en la cinta de Ridley Scott. Turing y su idea sobre las inteligencias artificiales es convertida en hermosos retablos de claroscuros sobre la pantalla de cine y de eso se trata esta maravilla de Ridley Scott, un artesano visual que supo mostrar al mundo la manzana mascada y envenenada que habría terminado con la vida de Turing en uno de los más famosos comerciales de la historia, el de Apple, que en 1984 usó esa fruta con un pedazo faltante como su símbolo corporativo.
Blade Runner’, así las cosas, es lo que hacen las grandes obras de artes: instalar un espejo delante de la realidad que nos toca vivir como sociedad y de una manera fascinante, sofisticada y hasta premonitoria –cómo no asociar la manera en que Deckard manipula fotos buscando pistas en una escena clave como  si fuera la era de los smarthphones y del IPhone de Appel ¿no?- distraernos con los adornos, los destellos, pero a la postre, y luego de 35 años, hacernos entrar en un mundo nuevo y un futuro desolador.
Aunque claro.
Aun faltan dos años para noviembre de 2019.
Aun hay tiempo.

‘Wonder Woman’: Una maravillosa heroína

El poder del amor.
Hace bastante tiempo que el Universo Cinematográfico de DC Comics, en conjunto con Warner Bros., quería despegar de buena manera ante las críticas y los fanáticos. Y es que tras tres filmes, ‘Man of Steel’, ‘Batman vs Superman’ y ‘Suicide Squad’, el camino parecía no estar bien enrielado y las esperanzas disminuida con cada estreno; hasta el debut de ‘Wonder Woman‘ en la pantalla grande.
Y es que esta cinta protagonizada por Gal Gadot, nos cuenta como Diana (Gadot) es una princesa guerrera amazona que ha sido criada por su madre, la reina Hipólita (Connie Nielsen) y su tía, la General Antíope (Robin Wright), junto al resto de mujeres, en una protegida y paradisíaca isla tropical. Las hermanas no siempre han estado de acuerdo en cómo educar a la joven, pues mientras Hipólita es una líder revolucionara que quiere refugiar a su hija del mundo exterior, Antíope quiere prepararla para salir fuera de Themyscira.
Pero, cuando un piloto estadounidense (Chris Pine) cae en sus tierras e informa de que la existencia de un conflicto masivo en el exterior, la joven princesa toma la decisión de abandonar su hogar para ir al frente. Dotada con superpoderes divinos, como superfuerza y supervelocidad, esta inocente e idealista guerrera se convierte en la principal emisaria de la paz en la civilización, donde busca combatir el mal. Así, luchando junto a hombres en una guerra para detener el resto de guerras, Diana descubre todos sus poderes y su verdadero destino.
De esta forma, tal como una líder natural y con un carisma angelical, pero con la fuerza de una guerrera amazona, la película dirigida por Patty Jenkins, finalmente entrega lo que todos los fanáticos estaban esperando: una buena y entretenida historia, con un buen guión y personajes bien desarrollados.
Si bien no es perfecta, ni reinventa la formula de las películas de superhéroes, nos muestra un camino distinto, uno que se balancea entre el humor y la seriedad, la acción y el entendimiento humano, y que además logra transmitir un mensaje al espectador. Convirtiéndose en un proyecto genuinamente sorprendente, que rompe con los moldes del genero, entregando esperanza y amor, en estos tiempos tan violentos en los que vivimos.
Así es como ‘Wonder Woman‘ se ha convertido en la mejor película de acción que ha producido DC Comics desde ‘The Dark Knight’, otorgándonos una increíble superheroína con un gran corazón y coraje, y unos puños de acero con los que lucha por defender sus ideales y proteger al más débil.

 

 

El día que vi ‘La Guerra de las Galaxias’

Este 25 de mayo se conmemoran 40 años del estreno oficial de ‘Star Wars‘, o como se llama desde hace ya un buen tiempo, ‘Episodio IV: Una nueva esperanza’. Sin duda, el hito fundacional de la saga creada por un joven George Lucas y que desde entonces ha entrecruzado la vida de múltiples generaciones sin distingo de género, edad o raza en todo el mundo.
Pero lo cierto es que el estreno en Chile demoró. Y mucho. Técnicamente ‘La Guerra de las Galaxias’ (ese fue el título original acá) llegó a un puñado de salas nacionales recién el 20 de marzo de 1978; casi un año después de que Estados Unidos y el resto del planeta enloquecieran con la épica historia del joven Luke Skywalker, la valiente princesa Leia, el contrabandista Han Solo, R2-D2 y el villano de villanos, Darth Vader, entre otros.
A riesgo de tener que ir a buscar mi carné a la más profunda de las alcantarillas, debo decir que mi primer contacto con ‘La Guerra de las Galaxias’ fue antes de su estreno. Con apenas siete años, un fin de semana mis padres me llevaron al cine; una experiencia esporádica y mágica, y por lo mismo, atesorada en tiempos en que no existía la televisión por cable ni Netflix ni el “on demand”.

Como de costumbre, tomamos el metro Línea 2, hicimos trasbordo en Los Héroes y enfilamos hacia la estación Universidad de Chile. De allí caminamos hasta el cine Astor, que hoy alberga una multitienda. La película era ‘Simbad y el ojo del tigre’ y como ya había visto el adelanto meses antes, sabía que me esperaba una aventura de esas que no se olvidan.
Ya ubicados en nuestras butacas, la luz se apagó y comenzaron los comerciales, el infaltable noticiario alemán y un par de sinopsis (lo que hoy llamamos trailers) que ya no recuerdo. Y entonces, sin previo aviso, la pantalla explotó con el rugido de naves espaciales, duelos con sables de luz, criaturas tan extrañas como fascinantes y personajes que me dejaron alucinado. Al final, en la pantalla solo quedaron las palabras de “pronto estreno”.
Debo reconocer que disfruté la aventura de ‘Simbad y el ojo del tigre’, pero mi mente ya no estaba ahí. Se encontraba a millones de kilómetros de distancia, precisamente, en una galaxia muy, muy lejana.
Salí del cine Astor con la misión autoimpuesta de averiguar todo lo posible sobre aquella película que en algún momento llegaría a Chile. O mejor dicho, que debía llegar.
Lentamente fueron apareciendo notas en los diarios e incluso una selección de fotos en un número perdido de la revista Paula. Y los recorté todos, guardándolos como si fueran reliquias sagradas. En un mundo sin internet, la poca información disponible era un bien más que preciado.
Hasta que se anunció la fecha de estreno y yo perseguí sin tregua a mis padres para que me llevaran a verla. Algunos compañeros de colegio ya la habían visto y yo trataba de que me contaran cómo era, sus impresiones, pero al mismo tiempo, sin revelar nada de la trama.
Finalmente llegó el día y fuimos al desaparecido cine Windsor (hoy convertido en sucursal de un banco). Primero hicimos la fila para comprar la entrada y luego una fila aún más larga por la misma Galería Windsor, para poder entrar.
La ansiedad me devoraba entero, los minutos no avanzaban y la fila tampoco. Hasta que la gente comenzó a moverse, llegamos al ingreso, nos cortaron la entrada y yo arrastré a toda velocidad a mis padres hasta nuestros asientos numerados. Y cuando en la pantalla aparecieron las grandes letras de ‘Star Wars’ y comenzó a avanzar el texto introductorio que se perdía en el infinito, seguido de la primera imagen del destructor imperial persiguiendo la nave de la princesa Leia, perdí todo contacto con el mundo que me rodeaba.

Dos horas después, cuando la cinta acabó y se prendieron las luces, yo solo pensaba en cómo hacerlo para verla otra vez; la función que estaba por comenzar, al día siguiente, el próximo fin de semana, lo que fuera; lo único importante era que fuese lo antes posible.
Eran otros tiempos y la idea de repetirse ‘La Guerra de las Galaxias’ por segunda vez no prosperó. De modo que tuve que esperar años para volver a verla en una copia en VHS de muy mala calidad. Y claro, años más tarde, me reencontré con ella en televisión abierta, un domingo por la noche en Canal 7.
Mientras tanto, traté de reconstruir toda la película en dibujos, diseños de cazas X-Wing y TIE fighters, alguno que otro disfraz mal logrado; todo servía para mantener viva aquella magia cinematográfica que —ya lo presentía— se volvería imborrable.
Hoy ‘Star Wars’ está a la distancia de un click, en todos los formatos físicos y digitales. Está en la televisión, en los computadores, en los tablets, en los celulares. Pero sobre todo, en los corazones de todos los que, siendo niños, nos maravillamos con aquella historia que nos marcó para siempre. Felices 40 años.